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Monday, September 28, 2015

Un caso de analogía falsa


Le dolía el pie y fue a una curandera.

La curandera le recetó un té de raíz de alfombra.

— ¿De alfombra? —le preguntó él

— Si hijo,—le contestó ella— las alfombras alivian los pies cansados, ¿No?


Tuesday, September 15, 2015

Cuando mejor es no razonar



  • No creo en sillas. Hay millones de otras cosas en que podría creer.
  • Eso es, con decir que no crees en las sillas, todavía no se sabe en qué crees.
  • Bueno, se sobreentiende, estoy a favor de los divanes.
  • Pero… bueno.

  • Vamos a intentarlo otra vez. No crees en las sillas porque prefieres los divanes.
  • Un diván: tenga o no tenga la razón.
  • Pero ahora hay un problema, ¿te lo resuelve el diván?
  • Yo no estoy hablando del problema. Estoy diciendo que creo en los divanes.
  • Los divanes no resuelven el problema.
  • Ni me pongo a pensar en eso. Lo único que quiero es que los divanes se impongan.


  • Rechazas todo lo que no sea un diván.
  • Con toda mi pasión: los divanes para siempre.
  • Pero con eso no se resuelve la situación.
  • Prefiero no pensar en la situación.
  • No te puedo creer.
  • Mira, los partidarios de las sillas no resuelven el problema. Por eso voy con los divanes.
  • Sólo así, porque así.
  • ¡Que vivan los divanes!

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Tuesday, July 7, 2015

Los razonamientos "desde arriba"


Los que se creen en posesión de... de saberlo todo, de saber más que los demás, de conocer el secreto de la Historia, de poseer la llave para entenderlo todo, razonan "desde arriba".

El mejor ejemplo son los que juzgaban todo a base de la Escolástica tomista allá por la década de 1950 en España. No importa el asunto, el tomismo tenía la respuesta.

Algo así sucedió en los siglos 14 al 17 en Europa, cuando comenzó la época de la ciencia moderna.

Los de la temprana Edad Media estaban acostumbrados a que bastaba encontrar el pasaje adecuado de Santo Tomás de Aquino, o de San Agustín, o de Pedro Lombardo para confirmar la manera apropiada de entender los asuntos.

Lo positivo de esto fue en los siglos 12 y 13 las disputas escolásticas tenían el vigor de los que descubren la capacidad del razonamiento para investigar los asuntos. Pocos podían leer y pocos sabían latín (ni el griego, ni el hebreo estaban todavía en el panorama) y pocos tenían acceso a los libros.

Los Libros Sagrados estaban en los monasterios; algunas copias estaban amarradas con cadenas. Si los escritos de los Santos Padres estaban más a la mano, quizás por eso se dependió tanto de ellos. Luego aparecieron los textos griegos originales a través de España (traducidos al latín) y por ahí siguió el asunto.

Pero para el siglo 14 las cuestiones de intriga intelectual o científica ya no se manejaban directamente. Lo que encontramos son fórmulas.

Ese fue y es el pecado de los escolásticos: depender de fórmulas sin realmente entenderlas (porque no se va "a las cosas mismas") y creer en el valor absoluto de esas abreviaturas conceptuales como representación de la realidad. Es el mal que aqueja a todo estudiante. No es lo mismo repetir la fórmula del libro que encontrarse con el problema de frente y tener que pensarlo desde su raíz.

Ese también es el problema de todo médico, abogado, burócrata. Muchos se ciegan con las fórmulas.

Ese es el peligro de los fanáticos de ideologías políticas y sociales. Las fórmulas conceptuales ciegan. Un posmoderno diría que las narrativas ciegan.

Como propuso el profesor José Luis Vivas en su texto para la clase de Historia de Puerto Rico, desde el mundo de la fantasía se escapan balas.

La marcha de la ciencia moderna tuvo que abrirse paso contra esa mentalidad del razonar desde arriba. Copérnico esperó a su lecho de muerte para disponer la publicación de su obra. Galileo tuvo que sufrir en su vejez a manos de frailes que miraban desde arriba.

Razonar desde abajo es tratar de ver las cosas aparte de nuestro mirarlas, aparte de nuestros prejuicios.

Razonar desde abajo requiere pensamiento crítico, es decir, intentar ver sin preconcebir lo que deben ser.

Un buen pensador (científico) sabe que eso es imposible de por sí, y por eso sabe que los planteamientos de la ciencia son teóricos. ¿Sólo mera teoría?, dirán algunos. Ah, pero no es lo mismo la teoría de la física cuántica que la teoría dogmática de que la tierra es plana.

Nótese que no es asunto de ser empíricos. A la vista está, que es plana. Nadie la ve redonda. Sabemos que es redonda porque atendemos a los datos, a las cosas. Si fuera plana, ¿Por qué al mediodía hay sombra? Ahí está el dato, la contradicción.

Por ahí comenzó Eratóstenes el griego, que logró establecer, más de cien años antes de Cristo, no sólo que la tierra es redonda, sino que pudo calcular su tamaño.

Claro, en los periódicos y en los programas de entrevistas radiales y de televisión seguirían diciendo, ¿Quién tiene la razón? ¿Los frailes o Galileo? Porque si no hay discusión, no hay interés y no hay éxito en las encuestas de audiencia. Aunque uno sepa la verdad, hay que fomentar la discordia, para que la gente sintonice el programa.

Por eso preferimos trivializar las verdades y llegamos a dar honra a un naturópata, como si fuera de veras un "doctor".

Está el populismo falso, tan falso como el empirismo que a veces se enseña en las escuelas (si es que se enseña). Ese populismo, unido a consignas ciegas, lleva derecho al fascismo, sea de izquierdas o de derechas.

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Friday, June 26, 2015

La manera nazi de ver las cosas

Uniforme fascista italiano

Los ideales y las ideas ciegan el entendimiento. Esto, cuando no hay pensamiento crítico.

El pensamiento crítico es aquel que se cuestiona a sí mismo, que se pregunta si de veras uno está en lo correcto en sus pensamientos.

Aun con pensamiento crítico nuestros prejuicios pasan desapercibidos. Será peor aún, si no nos ocupamos de pasar revista a lo que pensamos.

Uno de los ideales que ha provocado más miseria es el nacionalismo.

A nombre del nacionalismo, como a nombre de la religión, se puede torturar y matar. Se puede cometer genocidio, es decir, matar a todos los miembros de una etnia. Fue lo que intentaron los nazis contra los judíos.

En República Dominicana están expulsando a todos los de descendencia haitiana, aunque sean de cuarta o quinta generación. Igual que los judíos, ellos pueden sentirse dominicanos después de varias generaciones igual que los puertorriqueños de cuarta y quinta generación en los Estados Unidos. Pero igual que los judíos, llevan un estigma de extranjeros residentes que para los efectos son un mal en la sociedad a los ojos de los que los persiguen.
Nacionalistas puertorriqueños
El parecido no está en los uniformes, sino en los prejuicios

El fervor nacionalista puede ser tal, que puede cegar a alguien para no ver los méritos de un puertorriqueño héroe, verdadero héroe, simplemente porque su heroísmo lo practicó estando al servicio de los Estados Unidos.

Baste que sea un puertorriqueño en el ejército de los Estados Unidos, ya no tiene mérito alguno.

Para los fanáticos no hay tonos intermedios. Reconocer los tonos intermedios es hacerle el juego al enemigo.

Así fue como Stalin mató más judíos que los alemanes, y más seres humanos en general. A los soldados alemanes capturados los envió a campos de concentración para que vivieran en condiciones peores que las de los mismos judíos bajo los alemanes. En algunos casos, ahora sabemos, los dejaron morir de hambre desde el primer día, no les dieron comida. Pocos soldados capturados volvieron vivos. La mayoría murió de hambre y enfermedades.

Pero acá los izquierdistas no podían decir eso cuando se comenzó a saber en los 1950. A Stalin no se le podía criticar. Eso era hacerle el juego al enemigo. Esa fue la causa de la ruptura entre Sartre y Camus en París. La prensa de izquierda francesa insultó a Camus a más no poder.

Cuando se odia una persona sin verla en realidad y sólo por pertenecer a una etnia o por pensar distinto, eso es ser fascista, ser nazi. No importa si uno es comunista, socialista o nacional socialista.

Las ideologías pueden cegar. El nacionalismo ciega. Eso es bien peligroso.

Los que no aprenden del pasado, están condenados a.... Los que no aprenden de la experiencia cubana, siguen repitiendo consignas como si estuviésemos todavía en 1968. ¡Pobre Venezuela!